EL PEDERNOSO
Fiestas: Los Mayos

MAYO DE LA VIRGEN

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Abriré mis labios
con toda alegría
para bendeciros
Dulcísima María.
Esas tus orejas
dos conchas de nácar,
que por ellas cuelgan
dos chorros de plata.
Dos perlas preciosas
son esas tus manos,
donde nos acoges
a todo cristiano.
No ha habido quien goce
tan dulce reposo
como el que gozaron
estos dos esposos.

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Para retrataros,
Virgen admirable,
humilde os suplico
Tu favor me ampare.
Universal puerto
son vuestros oídos,
pues oyen a cuantos
llegan afligidos.
Fuentes cristalinas
vuestros pechos fueron,
que al Rey de la Gloria
alimento dieron.
No ha habido en el mundo
ni en el mundo habrá
quien pueda igualarles
en felicidad.

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Tu cabeza hermosa,
Madre de las madres,
es el norte y guía
para los mortales.
Tu nariz tan linda,
que hace fuerza que hable
que no encuentro un ser
que pueda igualarle.
De los más preciosos
y retrato blanco,
fue el Rey de la Gloria
vuestro vientre santo.
Coronada estás
en el Cielo imperio,
escogida en todo
del Padre y el Hijo.

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De marfil madeja
son vuestros cabellos,
donde en él está
manifiesto el Cielo.
Tu barbilla hermosa,
Virgen Soberana,
es dulce embeleso
de todas las almas.
Los pasos que distes,
con tus pies benditos,
con Jesús en brazos
caminando a Egipto.
El Padre y el Hijo
y el Espíritu Santo,
escogida en todo
para vuestro amparo.

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Es tu frente hermosa
tan brillante y pura.
Sol, luna y estrellas
son sombras oscuras.
La voz que pronuncia
tu boca dulcísima,
que los hijos de Eva
los oye y convida.
Ya estás retratada,
hermosa violeta.
Quién será tu mayo
siendo tan perfecta.
Último de abril,
primero de mayo,
Virgen Soberana,
tu bendición dadnos.

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Uries celestiales
son las cejas vuestras,
que en felicidades
siempre manifiestan.
Tu garganta hermosa,
de cristal pedazos,
donde un Dios inmenso
mereció sus brazos.
Yo te doy por mayo,
Virgen Soberana,
a un varón que tiene
florida la vara.
Virgen Soberana,
quedaros con Dios.
No dejéis de darnos
vuestra bendición.

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Dos claros cristales,
rosales que brillan,
en cielos y tierras
son vuestras mejillas.
Vuestros brazos santos
fueron tronos juntos,
Oh brillante Virgen,
de un Dios todo Justo.
A San José digo
que fue el más dichoso.
Él sólo fue digno
de ser vuestro esposo.
Quedaros con Dios,
Soberana Reina,
y que nos veamos
en la Gloria Eterna.