EL
PEDERNOSO
Fiestas:
Carnaval
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Fuente:
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"Religiosidad
popular en El Pedernoso. Pasado y presente"
Trabajo de campo para la asignatura de Antropología
2º curso de Filosofía, 1992/1993 |
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Autor:
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José
Luis Algaba Portillo |
Nos
referiremos a continuación a esa antesala de
la Cuaresma, esa despedida a lo grande de la
vida profana que es el Carnaval, pero dado que
en este pueblo el carnaval aparece estrechamente
asociado con la tradición de los "animeros",
nos ocuparemos de ambos conjuntamente, no sin
antes hacer mención de otra costumbre extendida
por algunos lugares de Castilla, el "jueves
lardero" (del latín lardum-i - tocino, manteca).
Es el jueves anterior al Miércoles de Ceniza,
en el que la gente se prepara para la abstinencia
de la carne de los viernes de Cuaresma con una
abundante comida campestre. Generalmente son
los niños y algunos jóvenes quienes lo celebran,
siendo un día festivo como cualquier otro. Vayamos
ahora a uno de los episodios más interesantes
dentro de la religiosidad popular de El Pedernoso,
los "animeros".
Existía
un grupo de hombres llamados "Los Animeros"
(doce personas, el número de apóstoles), que
durante todo el año, los domingos, salían a
pedir limosna por todas las casas del pueblo
con un cepillo y la campanilla que anunciaba
por dónde caminaban. El nombre de "animeros"
obedece al hecho de que pedían limosna para
las "ánimas" del Purgatorio, con el fin de decirles
misas. Entre ellos había, digamos, algunos miembros
destacados, entre los que podemos citar:
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a)
El "guisopero", que iba vestido de Judas,
con un traje de varios colores, una vara
con una cuerda y al final de la cuerda
unos trapos atados para pegarles a los
chicos, los cuales le incitaban a que
lo hiciera con la provocación siguiente:
"Guisopero, mama uvas, que te comes las
uvas de mi majuelo".
b)
El ángel, que iba vestido, lógicamente,
de blanco, con un traje de puntillas y
encajes que era una verdadera maravilla,
una corona de flores, la espada en la
mano y con la otra agarraba una cadena
que prendía al diablo por la cintura.
c)
El diablo, que llevaba la cara y las manos
pintadas de negro, una guadaña de hierro,
en el gorro unos cuernos, el rabo y los
cencerros atrás y pintado o bordado en
la espalda un diablo pequeño de color
rojo; el traje en su conjunto era de color
azul oscuro con cintas encarnadas.
d)
La muerte, vestida enteramente de blanco
y con la cara tapada, junto con una guadaña
grande de madera.
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El
día de San Antón (17 de enero) salían todos
con sus tambores, alabardas y bandera, repitiéndolo
ya todos los domingos hasta el martes de carnaval,
que era la fiesta principal. El sábado anterior
al domingo de carnaval recorrían los molinos
que existían en el río Saona con los
tambores y demás artilugios para pedir la limosna,
pues todos ellos, que en total eran siete molinos,
estaban habitados. Al anochecer regresaban al
pueblo y todos los chicos salían a esperarlos.
El domingo, lunes y martes de carnaval, al tocar
a Misa Mayor, se ponían delante de la iglesia
el Angel y el Diablo a pedir limosna y cuando
había alguna persona que no les daba nada, no
le dejaban entrar. Al terminar la Misa también
se ponía la Muerte en el cancel de la iglesia
para recibir limosna y de nuevo a pedir por
las calles del pueblo. En cambio los otros nueve
animeros se dedicaban durante el día a decir
los "entremeses". Se trataba estos entremeses
de una especie de versos jocosos creados por
ellos mismos a propósito de ciertos sucesos
curiosos acaecidos en el pueblo, donde las "víctimas"
no eran sino los propios afectados de los sucesos
o chismes. La finalidad de aquellos no era otra
que hacer reír a la gente, que se colocaba en
las esquinas para escucharlos. Al terminar,
de nuevo pedían limosna. Esto lo hacían los
tres días consecutivos, pero la fiesta principal
era el martes de carnaval, cuando se llevaba
a cabo el ofrecimiento de ánimas en el atrio.
Allí se subastaban determinados objetos y se
vendían los típicos caballitos, acto que era
presenciado por el Angel, el Diablo y el Judas
o guisopero y era costumbre que, dando diez
céntimos a uno de ellos, echara a la calle a
la persona señalada que estaba en tal recinto.
Aquella misma persona podía dar otra cantidad
para no salir del lugar y para que se marchase,
en cambio, la persona que mandó en primer lugar
que fuese expulsada ésta. Esto era sumamente
divertido y como nadie se enfadaba por ello,
todo terminaba bien. Del mismo modo se bailaba
la Jota a ritmo de guitarra y se hacia lo mismo,
uno daba un dinero por que se parase de tocar
y otro ofrecía otra cantidad para su reanudación.
El
miércoles de ceniza, por la tarde y una vez
que todos habían tomado la ceniza en la iglesia,
se asistía a la corrida de toros. Con unos cuernos
puestos en una tabla hacían el toro y ellos,
vestidos con mantones o tapetes de mesa, daban
una vuelta por el pueblo anunciando la corrida.
Esta se hacía en una plaza portátil, donde acudían
grandes y pequeños, resultando todo ello un
grato espectáculo.
También
hay que añadir que los animeros, antes de existir
la Cofradía del Santísimo, eran los encargados
de cuidar el Monumento los días de Jueves Santo
y Viernes Santo, poner las velas ... y vestidos
de nazarenos llevaban, en las procesiones de
Semana Santa, las imágenes de Jesús a hombros.
También dirigían los cánticos que se cantaban
en el Via Crucis popular del Viernes Santo a
la ermita, cánticos que hoy siguen tal y como
estaban en esa época.